“Ir más allá del estatus quo”,     una simple pero poderosa afirmación que desafía a tomar retos instantáneamente, pero vale la pena preguntar: ¿somos capaces de tomar el reto y asumir todas las responsabilidades que requiere para ir más allá del estatus quo?,

Por: Claudia Cifuentes, Directora Ejecutiva de ESI Schoolof Management.

Aplica el cuestionamiento dado que la disrupción es un proceso que tiende a producir distintos sentimientos que van

desde el estrés, la inseguridad y el descontrol.

Sin embargo, un líder disruptivo observa oportunidades en la incertidumbre, por lo tanto, hay que poner manos a la obra para agilizar, construir y escalar a un nuevo estado que permita intentar cuantas veces sea necesario, hasta alcanzar el éxito.  Se escucha frecuentemente acerca de la necesidad de reinventarse para seguir siendo competitivos.  Sin embargo, para que eso suceda se requiere de resiliencia y visión; en otras palabras, tener la capacidad de desaprender y aprender nuevamente de gestionar los aciertos y desaciertos para que éstos sirvan de escalones de impulso hasta llegar a un nuevo estado de equilibrio.

Una mentalidad disruptiva no es aquella que destruye, que rompe y que desordena, todo lo contrario, es una mentalidad que analiza, que busca y encuentra nuevas formas de estructurar las oportunidades que visualiza, una mentalidad que integra y que ejecuta sin sesgos.  Bajo esta perspectiva existe una clara ruta para poder alcanzar la disrupción, e incluso podemos estructurarla en fases.

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Fase 1 – Compresión: entender qué es lo que sucede en el entorno realizando un análisis profundo e incluso desarrollando escenarios y supuestos.

Fase 2 – Evaluación: ante los escenarios comprendidos y entendidos, analiza en qué momento se encuentra nuestro negocio e iniciar a visualizar claramente aciertos y desaciertos, así como oportunidades y fortalezas.

Fase 3 – Planear: con la clara comprensión de lo que sucede, así como la situación de la organización se elabora un plan estructurado, el cual probablemente no será un camino en línea recta, sin embargo, nos dará el parámetro, es decir la visión de a dónde queremos llegar.

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Fase 4 – Soporte o apoyo: integrar los recursos necesarios para llevar a cabo el plan, si hablamos de transformación digital, éste es el momento para inclusive involucrar la tecnología que apoye el plan estratégico diseñado al que hago referencia en el punto anterior.

Fase 5 – Ejecución: se implementa y ejecuta el plan, se monitorea e incluso se evalúa cómo escalarlo.

Para llevar a cabo disrupción debemos pensar y actuar colaborativamente, necesitamos de una gestión ambidiestra, es decir una gestión y equipo que fortalezca y otra gestión que siempre explore y se anticipe a los nuevos elementos que suelen surgir durante un proceso disruptivo.  No hay que olvidar que: “La disrupción no entiende ni respeta el calendario. El secreto de los planes estratégicos disruptivos es que son a largo plazo, pero tiene una actualización a corto plazo”.

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Para atreverse a ir más allá del estatus quo se requiere de un liderazgo fuerte, con una fuerte orientación al cambio, en donde la incertidumbre sea un motor que le impulsa a seguir adelante, tomando decisiones más allá de la rutina y de los establecimientos rígidos.   Este liderazgo requiere de inspiración y empoderamiento para sí mismo y para desarrollar un entorno colaborativo fortalecido que ejerza una fuerte influencia en alcanzar más y mejores resultados colectivamente, permitiendo nuevos enfoques y abierto a un mundo de posibilidades.

Para tener una mentalidad disruptiva hay que superar el miedo y la inseguridad; seguramente si se piensa en disrupción partiendo de una visión, se encontrarán esos drivers personales que motiven e impulsen al logro y al alcance de resultados extraordinarios.