¿Marca registrada?

¿Marca registrada?

La realidad del registro de software varía en nuestros países. En algunos, se da con mayor frecuencia y con crecimientos importantes por años, aunque en otros sigue siendo poco atractivo. En Panamá, por ejemplo, durante 2007 se realizaron 45 registros de software en la oficina correspondiente, mientras que Nicaragua tiene una estadística de ocho registros anuales. Incluso los tiempos de demora en el trámite son muy disímiles, y pueden ir de 10 días hábiles en Costa Rica a 90 en Honduras.

A pesar del avance, siguen siendo cifras ínfimas. El pasado octubre, en un evento de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI), salió a relucir que solo en Corea se registran más programas de computadoras que en toda Latinoamérica junta. Eso dice lo poco desarrollados que estamos en ese tema.

La creación del software se ampara en Centroamérica bajo las leyes de derecho de autor. Legalmente, para esta región, los programas informáticos son considerados como propiedad intelectual, de la misma forma que una obra de arte, un libro o una pieza musical, a pesar de que su composición se basa en algoritmos y códigos intangibles.

La mayoría de los países latinoamericanos fundamenta la protección del software en acuerdos de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y OMPI. Incluso, muchos de ellos se basan en el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), que fue elaborado con la intención de unificar los criterios legales y comerciales, en temas relacionados a las creaciones intelectuales.

En la mayor parte de la región, las leyes que incluyen la protección de software comenzaron a regir en la segunda mitad de la década de los noventa. Para 1995, casi todos los países tenían una ley que contemplaba el soft como propiedad intelectual o estaban a punto de hacerlo.

En toda Centroamérica parecen estar de acuerdo en que el software es propiedad intelectual y en casi toda la región rige la misma ley, adaptada según el caso, desprendida del Convenio de Berna de 1896, cuya última revisión fue en París, en 1971.

Sin embargo, para Diana Hasbún, directora del Registro de Propiedad Intelectual de El Salvador, aunque el parámetro ha resultado bastante práctico y unificado, este hecho se da, en parte, por las deficiencias para tratar este tema en profundidad.

Derecho vs. patentes

En todo el planeta, dependiendo del país, el registro se hace ya sea por vía de patentes o por medio del derecho de autor. El conflicto en la forma de registro se basa principalmente en réditos comerciales y se critica que la protección en nuestra región es muy sencilla y algo ambigua.

El derecho de autor solo protege la expresión de un contenido, no el contenido en sí mismo, y el hecho de que no esté del todo “blindado” lo hace susceptible de ser utilizado por terceros para la creación de nuevos trabajos.

También es débil, porque las oficinas encargadas de los registros funcionan como custodios de obras cuyo contenido desconocen y pueden permitir, por ejemplo, que una persona consiga el registro de una obra idéntica en su resultado a otra registrada anteriormente y, a menos que el primer autor interponga alguna demanda, ambos pueden gozar de los mismos beneficios de protección.

Marina Girón, subdirectora del Registro de la Propiedad Intelectual de Guatemala, dice que, una vez presentado, el software se mantiene en una base de datos de custodia privada, donde nadie puede consultarlo. “El software es secreto todo el tiempo, solo se puede consultar si media una autorización del creador”.

Pero al no ser una máquina, el soft no puede ser considerado una invención. De poder patentarse un programa, sería únicamente uno que funcionara con una máquina y se trataría, entonces, de una protección del invento en su conjunto, un software diseñado para activar un hardware novedoso. Entonces sí se toma como patentable, porque el hardware tiene una producción industrial.

Del otro lado de la moneda, la patente otorga la explotación comercial de un producto por un período de tiempo determinado. Las patentes de programas son monopolios de 20 años, lo que a las grandes casas de software les ha dado innumerables beneficios comerciales. Con el caso del derecho de autor, esta protección aumenta en algunos países de Centroamérica durante toda la vida del autor más 70 años después de su muerte.

La naturaleza del software es difícil de definir, pero legalmente se ha encasillado como una “obra de arte”, aunque con carácter “científico-técnica”, y esta fue la razón que más pesó al momento de darle un estatus legal.

Realidad regional

El registro en nuestra región no es realmente necesario. Esto es así porque la protección nace automáticamente con la creación del software. El “depósito”, como se llama en algunos lugares a la formalidad del registro, es innato. Lo que se sugiere es que se haga como medida de precaución.

“Nosotros recomendamos que lo registren, aun cuando no es obligatorio, porque no es lo mismo entrar en una controversia legal presentando el documento que me señala como autor a que no lo tenga, porque, si no, se está forzado por otros medios a demostrar que soy el creador. Es una ventaja porque, si alguien quiere copiar, se abstendrá”, explica Marcos Polanco, director nacional de Derecho de Autor de Panamá.

La formalidad del proceso es tal vez una de las más simples. Ni siquiera se verifica que la creación que presenta tenga un precedente registrado. La ley establece que las oficinas de registro no pueden dudar de la originalidad de la obra. Según Hasbún, “cuando alguien viene a dejar su creación diciendo que es obra suya, se toma como cierto. Mientras nadie inicie una acción contraria, se presume legalmente que el titular que aparece en el registro es el creador”.

De darse una acción legal, los involucrados simplemente deben demostrar quién es el creador más antiguo. Las pruebas se someten ante un juez y el certificado que emiten en el registro de derecho de autor es el arma más valiosa. Tal vez no gane el verdadero creador, pero sí el que tenga mejores pruebas.

Los derechos

En la mayoría de los casos, registran software solo personas naturales, pero en algunos sistemas se permite que personas jurídicas (empresas o sociedades anónimas) puedan hacerlo. En este caso, se exige que la entidad demuestre de qué forma obtuvo los derechos sobre la obra.

De hacerlo directamente el creador, las solicitudes son mínimas. Se pide llenar una forma que contiene información de la aplicación y su autor, que es prácticamente la misma que se solicita para registrar un libro: nombre del creador, fecha de creación y de divulgación, naturaleza de la obra, síntesis de lo que se trata, soporte magnético de la obra, copia del manual de usuario, manual técnico y del código fuente.

Aunque textualmente lo dice la ley, más que derechos, lo que se le confiere es la protección de su obra. No siempre el registro significa acreditaciones comerciales para el autor. Incluso hay algunos que nunca llegan a divulgar su obra. “Se le confiere el derecho patrimonial al creador, el cual es el derecho exclusivo de autorizar o prohibir la explotación de su obra en cualquier forma”, explicó Mario Ruiz, de la Dirección General de Competencia y Transparencia en los Mercados, del Ministerio de Fomento de Industria y Comercio de Nicaragua.

Mejoras

Algunos países ya están analizando cómo se puede mejorar el proceso y el sistema de registro, porque la realidad de hoy ya no es la misma que la de 1995 cuando comenzó a aplicarse la ley.

En Panamá, están comenzando a aplicar un software para el registro que fue donado por la OMPI, con el que esperan automatizar el proceso y actualizar la base de datos desde 1917, de la cual más de la mitad está hecha manualmente.

“Vienen nuevas cuestiones por el avance tecnológico, como el tema de las medidas tecnológicas de protección, el de la información sobre la gestión de derecho y la responsabilidad de los proveedores de los servicios, por ejemplo. Son temas que tienen que ver con la posibilidad de controlar el acceso a la obra, son parte de los tratados de libre comercio que muchos países están suscribiendo y son de tal importancia que, aunque no todos los tratados los incluyen, quienes le dan una relevancia importante a la producción de software sí se aseguran de que esas cuestiones queden bien resguardadas”, argumentó Polanco, titular del área.

¿Cuánto cuesta registrar software en Centroamérica?

País

Costo

Costa Rica

USD 5

Panamá

USD 10

El Salvador

USD 11,43

Honduras

USD 30

Guatemala

USD 65

Nicaragua

USD 100

 

Requisitos para el registro

Información del autor o los autores.
Datos de la obra (título, año de creación, fecha de publicación, país de origen, carácter de la obra, breve descripción de las funciones, etc.).
Elementos del soporte lógico aportados (programa de ordenador, descripción del programa).
El manual del usuario, el cual debe contener la descripción de pantallas, descripción de campos y definición general.
El manual técnico, el cual debe contener las definiciones técnicas de programación, descripción de tablas, descripción de procesos, diccionario de datos y la entidad de relación.
El programa en cuestión.

Leave a comment

Send a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *