Tecnología y distanciamiento social

Tecnología y distanciamiento social

Por: Gracia Rossi, Gerente País de Microsoft en El Salvador

La crisis de salud pública global, que tiene confinados y trabajando desde casa a gobiernos, empresas, y estacionados los aviones y trenes en muchos países, nos ha obligado a todos a funcionar en la incertidumbre y a adaptarnos a una situación que nadie había imaginado. Estas circunstancias han modificado la manera como trabajamos, nos comunicamos, consumimos y aprendemos. Las medidas destinadas a mantener el distanciamiento social tienen a los grandes expertos globales tratando de entender las repercusiones económicas y adivinar cómo -y cuándo- va a ser el futuro post-pandemia. Nadie lo sabe a ciencia cierta, aunque ya se pueden vislumbrar los impactos que tendrá para los emprendimientos, los pequeños comercios, el sector del turismo y el entretenimiento, o entre las economías no formalizadas y nuestras poblaciones más vulnerables.

Este escenario incierto también nos recuerda que, en tiempos de dificultad, los seres humanos damos testimonios impresionantes de resiliencia, creatividad, eficiencia y solidaridad. Son muchas las iniciativas que han surgido para mitigar los efectos en las poblaciones más frágiles. También ha sido admirable lo que han hecho, empresas, escuelas, gobiernos y organizaciones enteras, que han demostrado una adaptabilidad admirable para permanecer conectadas, mantener sus operaciones a flote, manejar sus equipos a la distancia, aprender, enseñar.

Asimismo, en esta situación, la tecnología ha demostrado ser un aliado que ha empoderado a millones alrededor del mundo. Desde el esfuerzo de los científicos por secuenciar el genoma del COVID-19 o monitorear su propagación, hasta los agricultores que nos mantienen alimentados, o los maestros que saltaron del aula de clase al ciberespacio para continuar con su misión de formar a las futuras generaciones, millones alrededor del mundo han tomado -en un abrir y un cerrar de ojos-, los recursos tecnológicos disponibles para crear soluciones a estos tiempos desafiantes y mantenernos cerca, conectados y productivos mientras estamos aislados.

A pesar de que las plataformas de colaboración y trabajo remoto existen desde hace ya algún tiempo, en nuestra región su adopción había sido muy gradual. Habíamos avanzado en legislación, pero conservábamos algunas resistencias -de orden más bien cultural-, que no habían permitido la plena adopción del trabajo remoto, a pesar de que las generaciones millenial lo reclamaban con insistencia. La nueva situación global transformó, en cuestión de días, esta situación e impulsó la demanda por soluciones de trabajo remoto que habiliten reuniones virtuales, soporten chat, video y voz, habiliten trabajo en documentos colaborativos y cargas de trabajo en la nube que estén accesibles, disponibles y conectadas con los equipos.

Este salto obligado hacia lo digital nos ha hecho pasar a un segundo plano el temor relacionado al cambio de quienes no son nativos digitales y que se han visto en la necesidad de ajustarse a esta nueva forma de trabajo y relacionamiento en tiempo récord. Queda, sin embargo, la asignatura pendiente hacerse las preguntas relativas a las herramientas de software y hardware que requieren, los tiempos y costos de la implementación, la seguridad de los sistemas y el acompañamiento necesario para que los equipos de trabajo se trabajen en espacio virtuales.

En cuanto al hardware, cualquier computador personal, tableta o teléfono inteligente puede funcionar para trabajar remotamente, y casi cualquier navegador común soporta los principales softwares de productividad. El verdadero habilitador es la nube, que permite trascender la comunicación de voz o el chat, para habilitar espacios de colaboración y trabajo conjunto que funcionan como una verdadera oficina: los equipos toman e intercambian notas, dibujan en un pizarrón común, comparten documentos, comentan, trabajan simultáneamente en un documento compartido.

Los costos y los tiempos de implementación no deben ser un obstáculo, pues casi todas las herramientas de productividad tienen una versión básica libre de cargos o una suscripción mensual que varía según el número de usuarios habilitados. Los tiempos de implementación sin inmediatos: basta el registro y la organización o el usuario estaría listo para colaborar, y las herramientas actualmente suelen ser bastante intuitivas y accesibles.

La seguridad, en cambio, es un tema más complejo, pues a la hora de tener múltiples usuarios trabajando desde sus dispositivos personales y compartiendo información sensible, es fundamental que los registros se hagan desde dominios corporativos y que las plataformas de elección cumplan con los estándares de uso profesional que garanticen la identidad del usuario, la encriptación punta a punta y que cuenten con las herramientas de seguridad de almacenamiento de la información. Después de todo, no hay mayor activo para las empresas que su información, y no hay medida de precaución pequeña a la hora de protegerla.

Resta entonces el acompañamiento a los equipos, una tarea que estamos todos aprendiendo y donde seguiremos teniendo que leer a nuestras empresas, a nuestros equipos y sus circunstancias. Las reuniones periódicas con los equipos, la comunicación abierta que permita a cada uno colaborar y opinar, las agendas cortas y claras, las reuniones de seguimiento suelen ayudar. Pero, sin duda alguna, en medio de esta coyuntura, el gran desafío está en mantenerse conectado con empatía. Las preguntas sobre el bienestar de cada colaborador, la comprensión de las circunstancias extraordinarias por las cuales pasamos todos con los niños en casa, los trabajos del hogar y las largas horas extendidas de trabajo son fundamentales. Ese gesto de solidaridad que todos nos debemos en estos momentos también puede ser virtual y no hay tecnología que pueda reemplazarlo, pues es lo más humano que tenemos.